Saúl Lagos: «Le doblamos la mano al gobierno»

El líder local relata cómo lograron que el Ejecutivo promulgara la modificación a la Ley General de Pesca y Acuicultura, sus expectativas y posibles alcances futuros de este triunfo.

A la sombra de un pequeño arbusto en la terraza de la hostería en la que se reunirían para celebrar el gran triunfo alcanzado, nos encontramos con Saúl Lagos Fredes, dirigente de los pescadores artesanales de jibia de Lebu.

Hombre joven, muestra en su semblante una satisfacción mesurada, pese a lo obtenido junto a sus compañeros de mar, tras el golpe timón dado, logrando que la ley de la jibia fuera acogida a tramitación y promulgada.

Pero el histórico triunfo de la pesca artesanal se fraguó en un largo camino. “Fueron 7 años de lucha permanente, y que comenzaron cuando la jibia era catalogada como la depredadora de los mares, incluso por la pesca artesanal”, afirma.

Muchas veces tildado de ‘loco’, incluso por sus pares, señala que, “como la jibia no estaba considerada como recurso, nos juntamos con Pascual Aguilera, de la IV región, Miguel Ángel Hernández de la V Región, David Castro de la VII Norte, Eric Parra y Manuel de Portales, para poner a la jibia en la palestra, llevarla al Congreso, y tratar de conversar con diputados y senadores, lo que hicimos entre 2009 y 2013″, recuerda.

 

Triunfos, olvidos y la amenaza de los industriales

Y fue a mediados del 2013, cuando tuvieron un acercamiento con los diputados Daniel Núñez (DC) y Víctor Torres (DC), quienes querían legislar en torno al recurso. Tras la promulgación del Decreto 83, se estableció por primera vez una cuota precautoria de 200.000 toneladas anuales del recurso, distribuidas en un 80% para los artesanales y un 20% para los industriales, dado el aún escaso interés de los grupos económicos por el recurso. Y es que la industria nunca pensó, que entre los años 2011 y 2013, la jibia iba a lograr lo que hoy tiene.

Sin embargo, y como lamentablemente ocurre con demasiadas iniciativas legales, después de la efervescencia inicial, no hubo avances en el proyecto durante 4 años, espacio de tiempo que estuvo durmiendo en el Congreso. Pero cuando los parlamentarios quisieron reponer la idea de legislar, tuvieron que enfrentar la férrea oposición de la industria pesquera nacional, los que para Lagos, “siempre funcionarán de la misma manera”.

Según el dirigente, “lo hicieron con la ley de pesca, o cuando se distribuyeron las cuotas del jurel y la anchoa (…) Con la jibia, inventaron el asunto de la cesantía en la que quedarían 2.000 y luego 5.000 de sus trabajadores, lo que no es efectivo”, acusa. Esto, porque según Lagos, “nadie les está quitando el 20% corresponde por ley a los industriales, sino que deben adecuarse e incorporar la potera a su flota, con la que, según ejemplos cercanos (Perú), se puede llegar a capturar incluso mucho más recurso”, asevera. Además, el dirigente sostiene que prácticamente el total de las 152.000 toneladas que capturan los artesanales en la temporada, termina en las plantas procesadoras pertenecientes a los industriales pesqueros.

El que el arte de pesca establecido para la jibia sea la potera, es el aspecto más celebrado de las indicaciones incorporadas al reglamento, porque así se veta definitivamente el arrastre y el cerco para su captura. El optimismo de Saúl Lagos se basa en la experiencia observada en Perú, “porque ellos han llegado a capturar hasta 600.000 toneladas en un año con el sistema de potera, y sólo los artesanales, porque ellos no tienen flota industrial”, enfatiza el dirigente.

 

La jibia en la economía pesquera

El creciente interés de la industria por perpetuar el usufructo de los recursos marinos, entre otras cosas, tiene relación con los montos económicos que se transan en el mundo pesquero. Porque de acuerdo a la información que aporta Lagos, la temporada pasada, entre enero y junio, solamente en Lebu, la jibia dejó 14.000 millones de pesos en circulante fresco. En tanto, por concepto de arriendos, servicios y compra de insumos, se transaron $3.500 millones más, de los cuales, entre 800 y 1.200 corresponden a intermediación, que es donde entran las cooperativas. En suma, lo que mueve la jibia, alcanza los 16.000 millones de pesos en el año.

Saul Lagos Fredes, dirigente pesquero

Gracias al impulso inicial dado por el Decreto 83, el interés por el recurso creció, y hoy “ya son ocho regiones las que están interesadas en la jibia, la que crece en importancia, cuando sube su valor comercial por kilo desde los $100 hacia arriba, llegando a cotizarse hoy entre los 600 y 700 pesos”. Pero con lo ocurrido en enero recién pasado, “sentimos que rompimos las barreras que nos habían impuesto por siempre.

Porque nos estaban mirando como los sutiles, como que los políticos nos manejaban. Y por eso decimos que tuvimos de cabeza al gobierno, le doblamos la mano, y eso no es fácil”, enfatiza. En ese sentido, manifiesta que “cuando decimos que este triunfo despertó al monstruo dormido, era porque muchos de nuestros dirigentes lo hacían dormir. Y hoy están calladitos”, señala. Por lo mismo, ahora, afirma que “de los 120 dirigentes de las 8 regiones, la mayoría son nuevos. Nacimos de las bases, del aburrimiento, cabreados de que el dirigente tradicional, siempre llegaba con una canasta, y nunca llegaba diciendo que había ganado los peces, nuestro territorio, nuestro espacio, recuperarlo. Y ahora se ganó”, acota.

 

Dirigentes corruptos

Sin aspavientos, indica que hoy “la gran diferencia, es que nos entendemos entre pecadores, y estamos las ocho regiones unidas. Y la esperanza está más viva que nunca, porque el monstruo despertó, pero para conversar, y para pelear contra el enemigo, y hoy nuestro enemigo es la industria”, afirma.

Sin ocultar su decepción y con manifiesto desagrado, Saúl Lagos tiene una visión muy particular, por no decir, antagónica, respecto de la FEREPA y sus directivos. En ese sentido, indica que “no puede ser que dirigentes a nivel nacional, que manejaron y tuvieron en sus manos el destino de la pesca artesanal, hoy estén convertidos en empresas que trabajan en favor de las industrias y en desmedro de la pesca artesanal”.

Al solicitarle que nos explique sus dichos, el dirigente grafica que, “si yo invento una consultora, de las que hay muchas, e invento una cooperativa, es para favorecer y beneficiar a mis socios, los pescadores. Pero si pongo una consultora, y solicito una cuota de pesca, y esa la vendo como consultora titular y se la paso a la industria, y le paso esa plata, que son hartas lucas, y no llega a los asociados, eso no está bien”, subraya.

 

Industriales pesqueros, ¿en peligro de extinción? 

Otro aspecto no menor, es lo que el dirigente lebulense llama ‘el principio del fin para la industria’. “Lo que pasó con la jibia ahora, que son 5 industrias que salieron, y en la reineta hay una sola, y en otras pesquerías, no hay nadie, presagia el principio del fin. Y ellos lo saben”, sostiene. Para Lagos, “la industria sabe que, con esto, debe empezar a dedicarse solamente a procesar y vender. No puede ser extractor, procesador y vendedor. Déjenos a nosotros algo. Déjenos como extractivo de la jibia a nosotros”.

 

Fortaleciendo la pesca

A pesar de que el camino recorrido, las luchas y la resistencia Saúl Lagos tiene claro que el remate de todo esto aún no se produce, razón por la que se mantiene alerta. “Espero que el gobierno, el presidente, no vaya a cometer el error, como ya ha pasado con otros proyectos, de dilatar la tramitación de la ley y se olvide del acuerdo que tomó con nosotros hace tres días atrás, ni cumplir su palabra”, advierte el dirigente. Lo único que le queda al gobierno, es firmar la ley”, remató.

Finalmente, el sábado 16 de febrero de 2019, se promulgó la modificación a la Ley General de Pesca y Acuicultura, “con el objeto de regular la captura de la jibia”, como reza el encabezado de la Ley Núm. 21.134. Así, se concreta el arduo trabajo de cientos de pescadores artesanales y sus familias, que se dedican a la captura de este recurso. Instalar la potera como arte de pesca, erradicando el cerco, e incorporando además la línea de mano, es un paso gigante para las pretensiones del sector artesanal y la conservación de los recursos pesqueros.

 

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