Hernán Fuentes: Salud, servicio y vocación por los demás

Hernán Fuentes recorre los pasillos del hospital intercultural de Cañete con la soltura que le entregan sus 31 años de servicio a la comunidad.

Nacido en el hospital viejo de Cañete el 1 de junio de 1964, Hernán Fuentes Aguayo es hijo de José Esteban, que aún vive, y María Clarisa, quien falleció hace diez años. Desde muy joven, “Nancho”, tuvo vocación de servicio y se enlistó como voluntario permanente en los operativos médicos que realiza el Club de Leones de Cañete en la comuna.

 

Por lo que no es extraño que cursando tercero medio se interesara por el Curso de Auxiliares Paramédicos, convocado por el Servicio de Salud Concepción-Arauco, y que se dictaría en el Hospital de Cañete. Ya a fines de ese año, sin curso ni nada, postuló a un cargo como auxiliar de farmacia que se abrió en el mismo hospital, en el cual fue seleccionado, y trabajó un par de meses, porque al año siguiente se abrieron nuevamente las postulaciones para auxiliar paramédico, grupo en el que resultó seleccionado.

 

Una vez terminado su curso, “me licencié y quedé altiro trabajando como auxiliar paramédico”. Ya en 1988 pasó a planta. En esa condición estuvo un año, momento en el que decidió postular a la titularidad, estatus que consiguió y mantiene hace tres décadas. “Comencé en el antiguo hospital Ricardo Figueroa González, pasando por diferentes servicios, hasta ahora, en que estoy desempeñándome el servicio Médico Quirúrgico Mujeres del cuarto piso del nuevo hospital”, puntualiza.

 

Permanente inquietud de servir

Pero su deseo de ayudar a los demás y a quien lo necesite, siempre fue más allá de su trabajo diario. “Eso de terminar mi turno e irme para la casa no va conmigo. Me falta tiempo para atender a todos quienes me necesitan, muchas veces”, cometa con alegría.

 

Le gusta participar en distintas actividades afuera del hospital, todas relacionadas con salud. Es en esa línea que hace diez años Nancho elaboró un proyecto Fosis, para postular a fondos a través de la municipalidad e instalar una sala de atención médica con ayuda para el adulto mayor.

 

Una de las exigencias principales para ganar el financiamiento, era contar con un espacio exclusivo para atender a sus pacientes, y se acordó de su parroquia, y “partí a hablar con el párroco de ese entonces, al que le gustó la idea y me facilitó el lugar para atender a mis viejitos”. Y al ganar los recursos, “tuve que salir a conquistar a algún médico que atendiera una vez a la semana a los pacientes, como voluntario, y lo conseguí”.

 

Alrededor de 20 años atrás, comienza a funcionar en la Provincia de Arauco, el Programa Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos (PAD-CP), tarea que considera como una de las experiencias que más le ha enriquecido. “A ese programa me integré como voluntario, hasta la fecha, para ir en ayuda del paciente con cáncer terminal que lo necesite, además de su grupo familiar, ya sea en la ciudad o en el campo”.

 

 

Reconocimientos

De forma extraordinaria en nuestra sociedad y debido a su entrega y perseverancia en el servicio cariñoso, amable y desinteresado por las personas a las que dedica su trabajo, en el año 1988, siendo todavía un liceano, el Club de Leones de la ciudad, organiza un homenaje en su honor, por su disposición y voluntad permanente en colaborar durante los distintos operativos que la institución realiza.

 

Esto no fue una excepción, pues en 2012, el Consejo de Desarrollo Hospitalario lo reconoce como Mejor Funcionario del Hospital de Cañete, por su excelente atención y trato al usuario, dedicación y profesionalismo al servicio de la comunidad.

 

Dios, su pilar fundamental

Si hay algo más importante que su trabajo para Nacho, es su dimensión espiritual. Comenta que la fe es el pilar que lo ha mantenido firme en los momentos más complejos, tanto en lo personal como lo profesional.

 

“Soy católico y tengo mucha fe en Dios y la Virgen, a quienes siempre le pido y me encomiendo para que me de la fuerza necesaria para realizar bien mi trabajo, en especial cuando me levanto desganado, para que así me renueve y regale energías renovadas”.

 

Precisamente eso le ayudó a estar sereno y en paz cuando murió su mamá, porque “ pedí a Dios y a la Virgen, y sentí como que ese era el momento, el paso que todos tenemos que dar y que algún día nos vamos a reencontrar, que ella está bien donde se encuentra, además que la siento presente y que me ayuda cuando tengo necesidad”, confiesa.

 

Para Hernán, la vida ha sido una vorágine de servicio incansable a los demás, entrega permanente e impulso por darse al que lo necesite, el alivio a sus dolores, tanto corporales como espirituales inclusive.

 

“Estoy feliz con la vida que me ha tocado, me siento satisfecho y realizado, y sólo le pido a Dios que me de las fuerzas necesarias para realizar bien mi trabajo en los años que me quedan antes de jubilar, y que cuando llegue ese momento, ya esté aprobado el proyecto para el Hogar de Ancianos para Cañete, donde me gustaría servir cuando esté libre”.

 

Eso es espíritu de servicio y vocación por los demás.

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